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El 6 de junio marcó la llegada de León XIV a España y la apertura de un viaje apostólico que recorrerá cuatro ciudades hasta el día 12. La primera jornada en Madrid encadenó tres grandes encuentros, cada uno con un tono propio, desde la solemnidad institucional del Palacio Real hasta la cercanía con los más vulnerables en CEDIA y el fervor de centenares de miles de jóvenes.
En el Palacio Real
Primer acto de la jornada, en el Palacio Real, ante los Reyes y las autoridades del Estado que acompañaron al Pontífice en la ceremonia de bienvenida.
La cultura del encuentro
«Su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad».
La polarización
«Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada».
La verdad y la reconciliación
«La verdad es siempre más grande que nosotros y por eso nos sorprende y nos atrae hacia caminos de purificación y reconciliación, en los que el diálogo con los demás —y con el Otro con mayúscula— se vuelve fundamental».
La paz y la seguridad
«La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo».
En el centro de Cáritas del barrio de Lucero
Un corazón que da vida
«Un corazón vivo es cálido y palpitante, y da vida; un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre, y provoca la muerte de la persona».
Mirar a los ojos
«[El Señor nos invita] a mirar a los que sufren a los ojos y a hacer de la ayuda ante todo un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre».
Los pobres y la Iglesia
«No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico».
En la vigilia con los jóvenes en la Plaza de Lima
El silencio y la verdad
«En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece».
La misión: ser humanos
«Quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables».
Protagonistas del cambio
«Vosotros, jóvenes, estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos, aquello que vivís en la familia, en la universidad y en el trabajo».