Así, con una cuerda sustentada en mosquetones taladrados y clavados en las columnas históricas de San Miguel, tal como se observa en las fotos, se impedía el acceso al resto del templo y se hacinaba a hermanos, devotos, fieles y visitantes en la nave del Santo Crucifijo este pasado Miércoles de Ceniza en el transcurso de la ceremonia del besapiés de la imagen, imposibilitando, incluso, que personas mayores o enfermos pudieran sentarse a rezar, descansar o admirar un templo que es de Jerez. Como puro ganado, vamos.
¿La razón? Pregunten al señor párroco. Solo diré que ayer no se cobraba a nadie la entrada. Ah! Y ya ha dicho, "como comentario", claro, que veremos donde se pone el besapiés el año que viene. A lo mejor nos manda a S. Francisco, como ya amenazó el año pasado.