Fueron varias misas entre el sábado y el domingo y todas ellas culminaron de la misma forma: con el unánime sentimiento de resignación y tristeza ante la marcha de Fray Pedro Enrique Amorós.
Así se vivió en Capuchinos la marcha de quien durante los últimos ochos meses regaló magisterio y sonrisas desde el púlpito, provocando una huella que va a ser muy difícil de olvidar.
Hasta aplausos cuentan que se escucharon al final de las misas. Por algo será...
