Hay noches en las que una ciudad enciende sus faroles para espantar la oscuridad. Y hay personas que, sin proponérselo, terminan convirtiéndose en una de esas pequeñas luces que ayudan a los demás a encontrar el camino. El 5 de enero de 2027, cuando Mari Carmen Tejero recorra las calles de Jerez convertida en una de las figuras de su Cabalgata de Reyes Magos, habrá miles de luces encendidas, cientos de faroles y miles de ojos esperando la llegada de la ilusión. Entre ellos estará la mirada de una maestra, de una hermana mayor del Nazareno y, sobre todo, de una hermana de Jesús que aquella noche tendrá que aprender también a iluminar una ausencia.
Porque Mari Carmen sabe bien que la luz no siempre significa que la oscuridad haya desaparecido. A veces significa, sencillamente, que hemos encontrado la fuerza para caminar dentro de ella. Y en una noche de enero, cuando los faroles de Jerez se mezclen con las luces de las carrozas y los caramelos vuelen sobre las cabezas de los niños, habrá uno que tendrá un destino diferente. El primero no buscará ninguna mano entre la multitud. Será lanzado hacia arriba, hacia ese lugar al que los cristianos miramos cuando alguien que queremos se marcha demasiado pronto.
Su hermano Tejero falleció hace apenas unas semanas en Jerez.
Por eso aquella noche tendrá una emoción distinta. Mari Carmen tendrá delante a los niños, a sus familias, a una ciudad entera esperando que los Reyes Magos hagan realidad sus sueños. Y ella, que como maestra conoce mejor que nadie el valor de la ilusión en la mirada de un niño, tendrá que repartir alegría aun llevando consigo una ausencia reciente. Y puede ser que ahí esté precisamente el sentido más profundo de aquella noche.
Porque la alegría cristiana no consiste en negar el dolor. Consiste en creer que el dolor no tiene la última palabra. Consiste en encender una luz cuando llega la noche, en seguir caminando cuando alguien falta y en ser capaces de regalar esperanza incluso cuando nosotros mismos necesitamos recibirla. Y Mari Carmen lo hará desde una carroza.
Con una ciudad iluminada a sus pies y el cielo sobre su cabeza, lanzará caramelos a los niños de Jerez. Pero habrá uno que será diferente a todos los demás. Será el primero. El que no caerá sobre la multitud. El que subirá hacia el cielo como una pequeña ofrenda de memoria y cariño.
Será para su hermano. Y puede que nadie lo vea. O solamente ella sepa que ese primer caramelo no era para un niño, sino para alguien que aquella noche estará presente de otra manera.
Después llegarán los demás. Y con ellos la alegría, los gritos, las manos levantadas y esa felicidad limpia que solamente una noche de Reyes es capaz de provocar. Mari Carmen tendrá entonces que hacer lo que hacen las personas que, como ella, entienden que la luz también es un compromiso: repartirla.
Como maestra, enseñando a mirar hacia delante. Como hermana mayor del Nazareno, caminando junto a su Hermandad. Como hermana de Jesús, llevando en el corazón una fe que encuentra precisamente en las noches más oscuras una razón para encender los faroles.
El 5 de enero, Jerez tendrá su noche de luz. Y entre todos aquellos faroles habrá uno que no estará en ninguna calle ni en ninguna carroza. Será invisible, pero estará allí. Será el recuerdo de Tejero acompañando a su hermana mientras ella reparte ilusión.
Y cuando Mari Carmen lance el primer caramelo hacia el cielo, quizá no sea solamente un adiós. Será una manera de decirle a su hermano que la luz continúa. Que la alegría continúa. Y que, incluso en mitad de la noche, todavía hay motivos para creer.
Enhorabuena Carmen. Jesús y la Virgen del Traspaso serán la Estrella de la Ilusión.