Mañana de Cristo por las calles de Santiago. Mañana para Dios. De Dios y sólo de Él. La Gloria máxima para el más grande. Todo lujo se empequeñece a su paso. Todo brillo resulta opaco. Toda luz parece ensombrecerse ante su grandeza.
La Hermandad Sacramental abrió este domingo el ciclo de procesiones eucarísticas de la ciudad y lo hizo con los esplendores propios y merecidos para Su Augusta Majestad. Todo estuvo a la altura y todo resultó poco para tan alto invitado... menos, como siempre, la presencia de público.
Cualquier excusa es buena para no acudir a la presencia del Santísimo. Si está nublado, que puede llover. Si hace calor, a la playa. Si sale temprano, que es muy temprano; si sale por la tarde, que esto es mejor por la mañana...
En fin. La historia de siempre. Las hermandades haciendo ímprobos esfuerzos por darle culto al Señor, ante la más absoluta falta de interés de casi todos, menos de los que un año más no faltaron... ni faltarán las próximas semanas.
La pena es que siempre nos vemos los mismos...
