Es un sueño que nunca se cumplirá; no lo he superado, pero me he acostumbrado a vivir con ello. Seguro que ese sentimiento lo comparten todos aquellos que no tiene ya a su madre, pero Ella ha sido es y será el consuelo que nos ayuda a seguir adelante.
Ver regresar a una Madre es algo incomparable, es un soplo de aire fresco, es la seguridad de que no estamos solos, el convencimiento de que por mucho que se compliquen las cosas, todo tiene solución. Así son las madres, puerto seguro y calma ante cualquier tempestad.
Cuando entré en la Iglesia de San Lucas, allí estaba Ella, llenándolo todo, borrando la ausencia, aromando de perfumes primaverales el templo, con Su llanto redentor, con Su luto solemne, con Su majestad imperturbable.
Ha vuelto Dolores, con el esplendor gastado por los siglos de devoción y ha vuelto para quedarse, para consolar, ha vuelto para seguir siendo Madre, con todo lo que ello conlleva.
No te hemos echado de menos porque habitas en nuestro corazón, pero necesitábamos de tu presencia física, verte, mirarte, rezarte…contemplarte, pues eres la llama que encendida mantiene la fe de nuestras almas.
Ha regresado nuestra Madre, es una realidad; ojalá se cumplieran nuestros sueños, aunque solo fuera por un momento…
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