Este año tocan silencios y rezos ausentes. Tocan otras formas nuevas de vivir la Cuaresma, distintas y menos populosas. Diferentes y menos masificadas. Muchísimo menos. Este año nos toca regresar a las hermandades de una forma más pausada pero absolutamente intensa. Es como si un enfermo sale de casa poco a poco, después de un largo periodo de postración. Salir de golpe es lo que todos quisiéramos, pero es algo prohibido todavía, así que nos toca ir despacio, y vivir con ilusión lo que tenga que llegar.
Así sucedió este Miércoles de Ceniza en Santiago, donde pudimos estar en el Vía Crucis de la Hermandad Sacramental presidido por el Cristo de las Almas, un acto piadoso y recogido, al que asistieron 'in situ' unas cincuenta personas -lo que permitía el aforo- y que pudieron seguir por redes sociales cientos de personas más.
Porque esta es la Cuaresma de la inventiva y de la reinvención, la de los actos y cultos dentro de los templos y las formas más breves, y más de dentro...
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