''Estado civil: mosqueado'' por Alberto Espinosa

29/09/17 Cofrademanía Alberto Espinosa

Hace unos días fui a Madrid con unos amigos, para ver cómo el Atlético de Madrid se enfrentaba a un equipo de los de verdad en su nuevo estadio. En el trascurso del viaje, y entre parada y parada de metro, pudimos hablar de todo. De lo divino. Lo humano. Lo preocupante. Lo mundano… Ya les digo, cualquier tema era bueno para ir cambiándole la cara al mundo. Todo iba según el sincronizado pactado, hasta que sobre la mesa pasó de puntillas un tema cofrade que a los tres nos afectaba y como era de esperar, nos alteramos, nos exaltamos, el tono se elevó… y aunque la sangre no llegó al Manzanares, un silencio se apoderó por unos minutos de nuestros pensamientos.  

Y esta actitud que al menos yo mostré a 600 kilómetros de la calle Tornería, me dio para pensar que no es normal que un mundo como el nuestro, el cofrade, el que nos debe sosegar el alma y alimentar el espíritu, a veces consigue todo lo contrario, sacando lo peor de nosotros mismos y dejándonos varios días con el colmillo envuelto en sangre.

Y si no, vean… 

La Carrera Oficial, la actual, la que viene y la que vendrá, está sacando los colores a más de uno por las redes sociales y está provocando filtraciones de agua por la calle Curtidores. Si el consejo elige cartelista, los fotógrafos se mosquean. Si se filtra el cartel, se mosquea todo el mundo, excepto el amigo del cartelista, que está encantado con el protagonismo que ha recibido estos días.

La imagen del Vía Crucis, también ha sido motivo para mosquearnos; el que esté libre de pecado en este tema, probablemente lo esté al ser hermano de la Estrella. 

Si hay cambio de párroco, la feligresía se mosquea. Si una junta de gobierno ganas las elecciones, los perdedores se mosquean. Si hay cambio de túnica, hay hermanos que se mosquean y dejan de vestirla. Y si se viste a una dolorosa de manera diferente a lo establecido por la costumbre, hay ríos de críticas… y de mosqueos.

Si llueve, nos mosqueamos; si hace calor, sudamos y nos mosqueamos; y si hace viento y frío, nos mosquemos con el del tiempo, con la primavera, con el cambio climático… Si la Sed no va a la Carrera Oficial, hay mosqueo por la Zona Sur. Si un paso hace cambios, los puristas se mosquean. Si un capataz decide marcharse, hay tortas por coger ese martillo y mosquearse si esa torta es recibida en vano. Si una banda atrae más gente que un cortejo en la calle, los de la bulla se mosquean, el diputado de música se mosquea, los costaleros se mosquean… 

Si la Cena no asiste al Corpus, nos mosqueamos, ponemos el grito en el cielo y pasamos de arrodillarnos ante el Santísimo. Si manifiestas tu opinión sobre un tema, te acusan primero, te niegan el saludo después y el mosqueo se enrosca hasta después del último aliento.

Si una cofradía se recoge diez minutos antes de su horario, pues también nos mosqueamos porque es una falta de respeto no cumplir con los horarios; y si una hermandad saca menos nazarenos que los que dice Dani… excepto Dani, todos nos mosqueamos.

Por ahora, el Pregonero se ha salvado, pero cuidado Antonio, que la mitad del teatro irá con un puñado de bostezos en la mano derecha y con unos cuantos cuchillos en la izquierda para clavártelos por la espalda si no nombras a su cofradía; así que se listo y no hagas mosquear al personal en vano.

Como ven, este mundo cofrade nuestro es peculiar y mosqueante, y me deja con muchas dudas acerca si esta es la mejor forma de querer a Dios…  las mismas dudas que tuvo Berizzo en el Wanda.

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