El tiempo sagrado se desliza entre nuestros dedos como agua frágil y ligera. La ciudad amanece serena, bajo un cielo benigno y sin mancha. Hay recuerdos de ritos que aprendimos en la niñez, y que hoy volveremos a realizar, actualizando la piedad que recibimos de nuestros mayores. Galas de Santos Oficios, entre olores de incienso y rostros velados por mantillas. Trajes oscuros y solemnidad. Cristo va a instituir la Sagrada Eucaristía, y se quedará en el Sagrario para adorarlo. Monumentos de plata y flores, con cera que alumbra serenamente la quietud y recogimiento de los fieles. Rodillas en tierra y rezos musitados. Jueves Santo de Jerez, que vuelve a nuestros ojos como un amor perdido y reencontrado.
Desde el viejo San Juan de los Caballeros, Cristo nos dará lección de muerte y promesa de salvación, entre las Lágrimas de su Madre. Marianista Cofradía llena de recuerdos de colegios, donde hoy gobiernan quienes ayer poblaron las aulas de los discípulos de Chaminade. Taxdirt arriba, los hijos del magisterio de San Juan Bosco echarán a andar con su cofradía salesiana, mostrando el momento de un Jesús humillado por una lacerante y pecadora bofetada. La Madre de la Iglesia, que está naciendo en cada dolor de la Pasión del Señor, será nuestro auxilio en las horas trágicas en las que la vieja ciudad profetizada siente morirse la primavera entre jirones de luna de Nisán.
Por la Alameda Cristina, y desde el convento del santo de Caleruega, un Getsemaní de agonías y sangre sobre la piel se dibujará en el rostro de Jesús orando en el Huerto, junto al Ángel hermoso de alas expectantes, que parecen plegarse suavemente entre las ramas de los olivos. ¡Cuánta Confortación entre doce varales se derrama paso a paso cuando Ella sale!, azuleando la tarde con su manto de Reina. Más allá, y en incesante sucesión de momentos, la Hermandad siempre estudiantil de La Lanzada volverá a poner ante nuestros ojos al Cristo doliente y muerto al que quisieron profanar y no pudieron, aquellos que un día sembraron de odio los rincones de España. A su lado, María Stma del Buen Fin, al pie de la Cruz, buscará en consuelo del Apóstol Amado, que la acogerá como Madre por mandato del Señor, mientras la Virgen de las Aguas aguardará en el Convento la hora del regreso de la triste comitiva.
Cristo, siempre humilde y paciente, nos mostrará el rostro dócil de la mansedumbre ante el dolor, cuando desde el trinitario convento de Las Angustias, sus blancos nazarenos sean escolta de amor a sus dolores de Cordero propiciatorio. La Virgen de la Trinidad junto a San Juan, quedarán silentes en el Convento, junto al Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor.
Caída la noche, los muros del cabildo Viejo oirán la voz de Pilatos entregando al Justo a la turba. Resonarán las palabras del Pretor como un grito de connivencia con la turbamulta: Ecce Homo, he aquí al hombre, al Dios que no he sabido reconocer, y que entrego injustamente a una muerte indecorosa. Por eso no habrá Mayor Dolor que el de la Madre que tras él camina, dolorosa Virgen de mirada extraviada y agonía inmensa, mayor Dolor de Jerez por la Plaza de Escribanos.
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