Hoy es Miércoles Santo

01/04/26 Cofrademanía Cofrademanía / Miguel Ángel Moreno

Hoy es Miércoles Santo y en el arrabal amanece con un rumor distinto, como si la ciudad respirara mas hondo, consciente de que el tiempo ya no es tiempo, sino compás. Compás marcado por las mecidas de un olivo centenario de aceitunitas verdes. En Santiago se respira distinto porque huele a puchero de la abuela con hierbabuena. Los ternos amanecen en las casas de patios de vecinos, impecables recién planchados esperando el gran día. Los trajes de tintes blancos y coloraos, esperan a ser vestidos por las gitanas guapas porque el barrio lo sabe. Hoy sale Jesús del Prendimiento y su madre del Desamparo.

Es un día de equilibrio a pesar de la explosión inicial y el recogimiento final, es ese punto exacto donde la emoción se asienta y se hace profunda. Veremos hermandades de puro centro con el contrapunto de una hermandad del extrarradio de Jerez. Esa es la hermandad del Soberano Poder, con su paso firme pero a su vez trazando rutas infinitas que son más que itinerarios; son memorias vivas de aquellos niños de Montealegre. Son caminos de fe que atraviesan grandes avenidas acompañada por la gente del barrio obrero de la Granja, acompañados de generaciones reflejadas en esos nietos cogidos de las manos de sus abuelas.

Bajo el palio de terciopelo azul noche de la Virgen del Consuelo, la luz del sol se filtrará entre la trama del tejido para transformarse en destellos dorados. En el paso de misterio del Señor del Amparo, el silencio se volverá relato de Padrenuestros y Avemarías pensando en aquellas Hermanas de la Cruz que dejaron atrás.

La jornada avanzará con la pena de una Virgen de los Dolores de manos entrelazadas y con la solemnidad de un Señor de Jerez caído por el peso de la Cruz. La Cruz de un Cristo muerto de la Salud que es llevada por ese mar de penitencia detrás del Señor de San Lucas, que este año contará con la novedad de que su salida será desde la antigua catedral del barrio de San Miguel.

En las calles, el azahar de los naranjos de la calle Medina y el olor de la cera del palio turquesa de la Virgen de la Amargura, dibujarán un perfume antiguo y rancio en el aire, mientras el sol, todavía tibio, se derramará sobre las fachadas encaladas que han aprendido a esperar para ver pasar a Jesús de la Flagelación entre burlas de falsos judíos.

Porque cada 'levantá' es un latido compartido, cada 'chicotá', un diálogo sin palabras entre costaleros y cielo. Y en las aceras, el pueblo devoto y heredero, sostienen con su mirada el peso invisible de la tradición.

En Semana Santa, el Miércoles Santo no necesita alzar su voz, le basta con el susurro de una saeta que se quiebra en la noche que empieza a caer y es entonces cuando Jerez se reconoce a sí misma, eterna, sentida y profundamente suya. 

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