La semana que viene, concretamente el sábado día 7 de marzo y desde las 10:00 horas, tendrá lugar un besamanos extraordinario a Nuestra Señora de las Angustias en su capilla, que servirá de preámbulo a la misa de ocho de la tarde en la que se llevará a cabo la imposición de la Medalla de Oro de la Ciudad de Jerez a la Santísima Virgen, reconocimiento que fue otorgado por el Ayuntamiento a finales del pasado año 2025.
Será la alcaldesa, María José García-Pelayo quien realice esta imposición, cerrándose posteriormente el besamanos en torno a las diez de la noche, para que finalice de esta manera el programa oficial de actos y cultos preparado con motivo de la conmemoración del Centenario de la Reorganización de la cofradía del Humilladero.
Y ya está. Se acabó. La Hermandad de las Angustias intentó que esta entrega tuviese otros brillos más especiales y más propios del alto honor que se celebra, pero la negativa del Obispado a todo lo organizado desde el antiguo Baluarte de la Madera ha caído en saco roto. No han pesado ni la historia, ni los siglos, ni la tradición, ni siquiera el hecho de que las Angustias no es en Jerez sólo el nombre de una cofradía; es algo más. Es un trozo de la vida de Jerez. Es un pasado heroico. Es una transición ejemplar y es sobre todo, un emblema devocional quizás hoy fagocitado por los tiempos modernos, pero indudablemente vivo en el imaginario de esta ciudad con mayúsculas.
Da igual. La falta de roce elimina el cariño. Y el hecho de que "la de Las Angustias" sea una hermandad de las que 'no hacen ruido' lo ha puesto todo muy fácil para poder decir "no, porque no" desde Palacio, dejando a los cofrades de los Siete Cuchillos con una sensación amarga. Muy amarga.
En fin, son los tiempos que ahora nos toca vivir. Tiempos de lejanía. Tiempos de hastío. Tiempos de comparaciones odiosas con los vecinos...
El consuelo es que para que todo esto termine, tarde lo que se tarde, ya queda un día menos.
