"Jesús, punto y aparte" por Álvaro Carmona

02/03/26 Cofrademanía Álvaro Carmona

Ayer, en Jerez de la Frontera, el tiempo pareció detenerse ante el besapié de Jesús Nazareno. No fue solo un acto devocional; fue, para muchos, la confirmación silenciosa de algo que a veces cuesta explicar en voz alta: hay realidades que no necesitan permiso ni etiquetas para existir.

En estos días en los que el debate público vuelve a poner el foco en la fe, resonaban también declaraciones como la pronunciada recientemente por Silvia Abril: “Me niego a aceptar que la juventud tenga esa tirada hacia lo cristiano. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana”. Frente a esa mirada, lo vivido ayer en Jerez fue una respuesta sin confrontación, pero llena de significado.

Porque allí, entre el murmullo de los fieles y la emoción contenida, se percibía otra realidad. Porque a nosotros no nos pueden decir lo que somos o dejamos de ser. Somos lo que somos, y Jesús es el centro de nuestra vida”. La fe, sencilla y rotunda, parecía latir en cada gesto, en cada paso hacia la imagen, en cada mirada que buscaba silencio.

San Juan de Letrán se abrió como un corazón al mundo. La saeta, quebrada y luminosa, atravesó el aire como un testimonio vivo; el ambiente de hermandad envolvía a quienes entraban sin preguntarles de dónde venían ni hacia dónde iban. Porque la fe, para el creyente, no es una frontera: es la acogida que da Jesús a todo aquel que viene a verlo.

A menudo se invoca a la Iglesia cuando faltan resultados en la política o se menciona a Jesús cuando parece haber una ausencia de valores. Sin embargo, lo de ayer fue otra cosa: una vivencia extraordinaria en tiempos ordinarios. Jesús como epicentro, como las dos caras de la moneda, como la verdad que se pronuncia en la noche que lleva su nombre.

Se habla mucho de pureza sin saber definirla. Tal vez sea esto: darse, entregarse, sostener al otro para que tenga algo en lo que apoyarse. No una idea abstracta, sino una práctica cotidiana. Jesús -para quienes lo sentimos así— no pide DNI ni ideología, no pregunta qué votas ni qué harás mañana. Simplemente te quiere, tal y como eres. Como dice Raúl Castaño: “Jesús te cuida”.

Y quizá ahí reside la clave de todo. En un mundo que a menudo se construye desde la sospecha o la división, lo vivido en Jerez recordó algo esencial: lo que muchas personas buscan no es la ausencia de Dios, sino precisamente lo contrario, un lugar donde el amor no tenga condiciones. Un lugar donde ir, un lugar donde ser. Así pudo volver a ver Luis López a su madre en los ojos de Jesús.

Porque, al final, lo que se vio no fue solo devoción. Fue la necesidad humana, profunda y universal, de creer que el amor todavía es posible. De ser de Jesús. Seas o no seas hermano. De entender la pureza de los sentimientos. Como nos alienta el Papá León XIV: “El mal no prevalecerá”. Y en Cristina tiene una vela que nunca se apaga. Benditas las mujeres y hombres de Jesús. Bendito Jerez, casa del Nazareno.

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