Juan Jacinto del Castillo es un párroco inquieto. Lo saben allá donde ha laborado durante su vida y han conocido su mente nunca en calma. Ahora es párroco de Santiago y es quien ha asumido la conmemoración de los diez años de la reapertura del templo al culto, vivida un caluroso mes de julio de 2016.
Por este motivo, un buen día imaginó una forma interesante de celebrarlo, más allá de la Misa de Campaña que el barrio volvió a vivir este pasado verano, justo días después de que cerrase la farmacia de la esquina de calle Merced. Y lo que imaginó fue grandioso. Mucho. Y tuvo forma de Besamanos Magno Extraordinario, compartido por todas las cofradías de la feligresía, en la jornada del último domingo de septiembre.
Una fecha inusual. Quizás hasta extraña. Pero dio igual. Se trabajó con ilusión y se completó una jornada fabulosa, que dio contenido cofradiero al barrio, a la parroquia y hasta a la ciudad. Porque en Jerez, este domingo, se puso el norte en dirección al viejo arrabal... y todas las calles que terminan en el antiguo arenalejo, fueron un reguero constante de gentes que iban o venían.
No era para menos. En Santiago esperaba el Prendimiento. Sobre la peana de plata del Rocío de Sanlúcar y en la Capilla del Sagrario. Inmejorable estampa que flanqueaba la Virgen del Desamparo, ante el dosel coronado de la gaditana Hermandad de la Palma. Estilazo de los buenos.
Al fondo, Madre de Dios del Rosario vestida de blanco. Evocación mercedaria sencilla y elegantísima... y junto a la pila bautismal, la Virgen de la Medalla Milagrosa, con manto azul de tela y flanqueada por ceras y flores a los pies de su altar.
Junto a la puerta de misa, la Virgen de la Paz, bajo el templete procesional de la custodia de la Hermandad Sacramental y ocupando los medios de su capilla, primer vestigio del templo pues fue este coqueto rincón el primer atisbo de lo que luego sería la fábrica completa... y junto a ésta, compartiendo vecindad, la imagen de la Virgen del Dulce Nombre y tras la misma, el Cristo de la Buena Muerte, completando un recorrido precioso y sin duda histórico.
Pero no quedó todo ahí. En la Capilla del Cristo del Amor, la Sacra Conversación de María Magdalena y San Juan, con la Virgen de los Remedios, teñía de solemne belleza lo que nos mostraban los blancos cofrades del Martes Santo, que para la ocasión no dejaron escapar la oportunidad de participar en un evento convocado por la parroquia a la que tantos años pertenecieron.
En la Victoria, por su parte, la Soledad. Con manto negro de salida y flanqueda por sus dos candelabros de cola... delante del Sagrado Descendimiento, al que rodeaban las imágenes que lo acompañan cada Viernes Santo en su Calvario. Y subiendo la antigua calle La Sangre, la Piedad, mostrando al mundo el duelo más hermoso que existe en la tierra. Ese que los cofrades del Santo Entierro custodian con cariño y sabiendo el tesoro que encierran los muros de su capilla. Una auténtica maravilla. Sin más.
Santiago puro. Entero. Completo. Majestuoso. Un regalo para los sentidos y para las almas. Un ensueño en forma de recorrido devocional, espiritual y artístico, que señaló bien a las claras el inmenso tesoro patrimonial que encierra su vida y su historia. No sólo de flamenco vive el vecino de Santiago y este domingo se demostró. Hay más. Mucho más. Aunque para ello haya tenido que llegar a la parroquia un cura de Jerez que nació hace sesenta años en Tenerife...





