Chipiona lo volvió a hacer. A su forma. Con su estilo. Teniendo claro lo que la Virgen de Regla significa para el chipionero… y para el fin del verano en la Villa. En uno -otro más- de esos días marcados en rojo en el calendario, la morena Patrona volvió a encontrarse con su pueblo en una multitudinaria procesión, que convirtió el entorno del Santuario y cómo no, el paseo marítimo, en escenario de una de las manifestaciones marianas más importantes de la provincia de Cádiz.
A las seis de la tarde comenzó la cita, pero desde mucho antes, desafiando al sol y a las altas temperaturas a pesar del poniente, miles de personas ya aguardaban en la explanada que todo comenzara, para ser testigos de los 418 años de la proclamación de la Virgen como Patrona de la localidad, acontecida en septiembre de 1608.
No faltaron en el cortejo las representaciones de grupos parroquiales y hermandades de Chipiona, así como la Corporación Municipal presidida por el alcalde, Luis Mario Aparcero, adelantados de una emoción que inundó los aires en forma de aplausos rodeados de campanas, cuando escoltada por 2.000 tallos de nardos colocados de manera imperial por Miguel Patino, la Señora volvió a asomarse a su pueblo, para llevarse a su paso, como alguien proclamó junto a su paso, "todas las preocupaciones de Chipiona".
Así volvimos a la realidad de su estampa clásica, aunque aún sigue habiendo devotos que echan de menos los candelabros de guardabrisas, aquellos en los que el sol se colaba juguetón cuando la procesión enfilaba la rivera del mar, ya de vuelta hacia Regla, donde las olas, otra vez, se convirtieron en la mejor escolta de la Virgen mientras el ocaso, como siempre, iniciaba la recogida en el Santuario.
No podemos olvidar que en el paso, que comandaba Juan Pedro Zarazaga, figuraba una reliquia de San Francisco de Asís, así como el Bastón de Mando de la Alcaldía, símbolo de la condición de Alcaldesa Perpetua que ostenta la Patrona, e igualmente no debemos pasar por alto la extraordinaria aportación musical que puso una vez más la sanluqueña Banda de Música 'Julián Cerdán'.
Y el final, como siempre, guardó junto al Humilladero un momento emotivo y especial con recuerdo y oración por los hombres del mar y por quienes han perdido la vida buscando un futuro mejor, que llegó de la mano del rector y guardián de la comunidad franciscana, fray Juan José Rodríguez Mejías, quien dirigió entre silencios la última oración a la Virgen antes de que de nuevo los vítores y aplausos desbordaran la incontenible alegría de tener a la Virgen tan a la mano, antes de su definitiva entrada en el templo.
Así concluyó todo y así culminó Chipiona la renovación de su tradición secular. Porque cambian las generaciones, pasan los años y se renuevan los rostros que aguardan en las aceras, pero cuando se abren las puertas del Santuario y aparece cada año la pequeña imagen de la Virgen, Chipiona vuelve a reconocerse en Ella entre aromas de sal y nardos, teniendo como testigo de su historia el enorme azul de ese Atlántico que sabe que cada 8 de septiembre, la que manda se llama Regla.

