Todo terminó. En un suspiro. Aún estábamos buscando el origen de nuestro idilio, cuando un viento de amarga despedida se enredaba en las palmeras de Cristina, dejándonos el alma desnuda de emociones. Había llegado el final. El siempre punzante final...
Vivimos tantos días juntos, que nos habíamos acostumbrado a vivir así, con nuestras cosas enredadas las unas en las otras. Las mismas que ahora se buscarán sin encontrarse. Después de la alegría, de las risas, de las miradas cómplices, de los llantos compartidos... toca otra vez seguir de frente, buscando destinos que sólo el Cielo conoce. La vida.
Empezar de nuevo. Comenzar otra vez. Renovarse. Buscarse. Atreverse...
Quedan ahora sólo los recuerdos. Los benditos y dulces recuerdos de todo lo vivido... y la esperanza de que los días pasen... para volver. Porque eso sí está claro. Quizás sea lo único que nos queda claro...
Que si Ella quiere, volveremos a estar juntos, pase lo que pase...
