Los resultados de las elecciones en La Amargura, han demostrado varias cuestiones preocupantes. La primera, que en 20 años no se han cerrado heridas. La segunda, que el vestidor de la Virgen y el capataz, tienen los dias contados. La tercera, que la hermandad está rota en dos pedazos. Si fuésemos el obispo, lo tendriamos claro. No sabemos si él lo tiene, pero debería.
Ahora la pelota está en su tejado. Y tampoco es tan difícil jugarla.
Lo dicho. Lo entienden. ¿Verdad que sí?