Jerez vivió un Domingo de Pasión espectacular. Extraordinario. Con gente yendo y viniendo constantemente, en un ir y venir sin fin que no finalizo hasta bien entrada la noche. Un domingo precioso, que por la mañana tuvo la cita obligada del pregón oficial de la Semana Santa en el Teatro Villamarta. El pregón de Juan Mera. El gaditano de Vejer que se hizo jerezano a golpe de versos, mientras construía el canto que este domingo regaló a Jerez a mediodía. Un canto que comenzó tras una certera presentación de Rocío Navarro y dos marchas (Cristo de la Expiración y Estrella Sublime) interpretadas por la Banda Municipal de Música de Jerez, dirigida por Luis Alfonso Román.
Tras este introito, Juan Mera se lanzó sin red a descubrir la ciudad que lo esperaba desde octubre, una ciudad que le abrió enseguida sus puertas para desearle lo mejor y para irlo acompañando en el camino ahora finalizado. Lo hizo, sosteniendo su pregón en las devociones más intensas de nuestras hermandades, tras un primer piropo a su Virgen de la Estrella, al que siguieron otros bloques protagonizados por la Esperanza, la Amargura, el Nazareno o el Prendimiento (este último acompañado a la Guitarra por Luis Gallardo), para llegar al plato fuerte de la tarde, con el fragmento que dedicó al Cristo de la Expiración -el Cristo- acompañado por la presencia en el escenario de Paqui Méndez, quien interpretó sobre las tablas una preciosa zambra escrita por Antonio Gallardo.
Crujió el teatro. Soltó sin guardarse nada esos óles secos que brotan desde muy adentro, porque Paqui puso aquello boca abajo. Un éxito rotundo y al mismo tiempo un problema para el pregonero, ya que tras el cante había que volver a conquistar al público desde el atril… y a fe que Juan lo hizo, tranquilamente y sin guardarse tampoco nada. Remate de arte en los medios y a cerrar el pregón después de la locura.
Otro cierre currado. Igual que el comienzo. Rotundo y vibrante. Lo que tocaba. Y así se cumplió lo prometido: hora y cuarto de pregón. Sin más. No hacía falta, porque la obra estaba completa y además había alcanzado su cenit a los pies del crucificado de San Telmo. Como la Semana Santa misma de cada año.
