Cuando hace un tiempo la dirección de Cofrademanía me propone la participación en una columna periódica en su página web, el título que proyecto para la misma debía contener en su enunciado el obligado tributo a las personas que son la historia de nuestra Semana Mayor. Por ello no dudé en integrar a la sinécdoque pasionista el título de uno de los grandes libros cofrades de principios de los años ochenta. “Collage” es el título que el artista, profesor y académico José Ramón Fernández Lira puso a un compendio de estudios sobre el patrimonio de nuestras corporaciones, que nacieron en la emisora COPE Jerez, en su programa “Carrera Oficial”, a finales de los años setenta y a principio de la siguiente. El espacio se gesta en la mente del preclaro director y también académico Andrés Luis Cañadas Machado que, con suma nitidez, vislumbra que el gran servicio social y de consolidación cultural y fenomenológica futura, que puede hacer la radio a las corporaciones penitenciales, está en esta sección formativa de su programación semanal.
La gran Semana Santa jerezana de las treinta cofradías se está consolidando en ese momento, y para dicha cimentación es necesaria la participación de muchos actores, especialmente externos. Nuestra Semana Mayor pasa de ser una celebración popular intimista y modesta en su grandeza, a convertirse en los años noventa y a principios del presente siglo en un referente regional y nacional. Personajes como Fernández Lira o Cañadas Machado en el proyecto “Collage”, a modo de apuntes y reflexiones (enriquecido a partir las publicaciones de Seis momentos de Arte y Cofradías y Semblanza de la Imaginería jerezana), se convierten en guías que diseñan un manual de devenir estético de acuerdo con cánones, idiosincrasias y perspectivas diversas.
Aún a finales de los setenta, el conocimiento sobre nuestra imaginería, símbolo del liderazgo patrimonial corporativo y referente devocional, se basaba en atribuciones a escultores de renombre; lo cual indica el nivel artístico de nuestra Semana Santa desde las etapas más antiguas, cuyas tallas podían equipararse en el imaginario popular con las de las grandes escuelas escultóricas. Fernández Lira, desde su sensibilidad artística y a través del objetivo del entonces incipiente fotógrafo, valiéndose de la innovadora plataforma que le ofrecía Radio Popular, nos explicó el significado iconográfico de un paso de palio, el simbolismo de un cortejo, el papel corporativo e historicista de las insignias, las artes aplicadas al patrimonio cofrade, el bordado artístico sobre telas preciosas o el proceso de concepción y de elaboración de las esculturas en madera policromada y su restauración. Los que actualmente tenemos casi los sesenta años y más, aprendimos en los escritos e intervenciones del profesor a ver la Semana Santa de verdad, con un bagaje ya significativo y con ojos analíticos y críticos. Conocimos de primera mano a sus compañeros de profesión en la Escuela de Artes y Oficios, Francisco Pinto Berraquero, Luis Ortega Bru, Juan Luis Vasallo Parodi, Vicente Chamorro o Manuel Romero Fernández, y los talleres de escultura, orfebrería y bordado hispalenses y monacales.
Fernández Lira trabajó “a pecho descubierto”, sin el auxilio de la pléyade de investigadores y estudiosos universitarios que afortunadamente hoy enriquecen día a día el patrimonio documental con sus indagaciones y debates académicos. Sirva, por tanto, mi primera columna como homenaje a dos paradigmas de aquellos “arqueólogos” de los estudios de religiosidad popular y, a su vez, transmisores; los que nos revelaron la singular grandeza de nuestra celebración estacional, religiosa, social y cultural.
