Artículo de Eduardo Osborne, sobrino de D. José María Osborne Isasi S. M publicado en Diario de Jerez:
"No suele destacarse como merece la vocación de servicio de tantos sacerdotes que, mediante la toma de los votos, ofrecen su vida a Dios, que es tanto como decir a los demás, renunciando a muchas cosas a las que cualquiera puede acceder, empezando por la formación de una familia. Más mérito le encuentro si, además, esa persona tiene un camino de vida marcado, con buenas perspectivas en cuanto a su proyección personal y profesional y, sin embargo, en un giro imprevisto, decide apartarse para tomar una senda bien distinta, que desde luego puede ser muy edificante, pero que antepondrá siempre el sacrificio por encima de lo demás.
No es fácil en la sociedad de hoy escoger este modo de vida. Cualquiera que tenga conocimiento verdadero (no superficial, como se suele) sobre la forma de vida del presbístero, ya pertenezca a una orden o al clero diocesano, sabe de lo que hablo. Espíritu de obediencia, muchas veces no correspondida; auxilio a los enfermos; disponibilidad absoluta para la administración de los sacramentos, cuando se ofrezca; y cercanía constante con las inquietudes del ser humano, de ahí el apelativo coloquial de cura. A veces, de las responsabilidades propias de su ministerio brota un carisma especial por quien lo ejerce, capaz de influir con su prédica y su ejemplo a muchas personas, que lo toman por referente. Tal es su fuerza, y tal su responsabilidad.
Mucho de eso hubo en la activa vida de nuestro tío José María Osborne Isasi, fallecido hace una semana en El Puerto de Santa María, de donde somos oriundos, en uno de esos giros del destino que los creyentes llamamos inescrutables. Vinculado a la Compañía de María desde su juventud, ejerció su ministerio en muchos de los colegios marianistas de toda España, de Cádiz a Carabanchel: de Jerez a Pola de Lena; y en El Pilar de Castelló, por supuesto. Y en todos ellos marcó a decenas de alumnos que lo seguían por todas partes. Para ello, se valió de una educación tradicional de la que se sentía particularmente orgulloso, y de una espiritualidad pegada al evangelio con un punto de modernidad que lo hacía especial, y que ahora recordamos en tantas celebraciones familiares como nos celebró. “Nosotros aprendimos a ver a Dios en las palabras de José María”, ha sido un mensaje repetido estos días tristes. No encuentro homenaje mejor para una persona, y sacerdote, irrepetible.».
