Valieron la pena los tres años de espera...

23/05/22 Cofrademanía Cofrademanía / A. Cañadas / Fotos: A. Cañadas y Hdad. Matriz de Almonte

Como en un túnel del tiempo. Como cuando abril te sorprende una mañana cualquiera sin el repeluco del frío al despertar. Como un 'deja vu' de los que gustan. Como una bellota que florece en alguna maceta furtiva. Como el aleteo de vencejos por la tarde, anunciando que ya se fueron los relentes...

Así fue. Simplemente. Sencillamente. Casi no nos da la razón para darnos cuenta de que hace ya casi tres años que pudimos ver a la Virgen del Rocío en la calle, cara a cara ante nosotros. Entonces corría el mes de agosto de 2019 y vestía galas de viaje, o como siempre la conocimos, de Pastora. Llegaba a Almonte entre escopetas, y nada nos hacía pensar que en tan sólo siete meses nos iba a cambiar la vida para siempre.

Casi tres años sin verla. Muchos, casi tres años sin ni siquiera haberse podido acercar por su pueblo para estar un rato con Ella. Demasiado tiempo. Demasiada distancia. Demasiadas pérdidas.

En tres años nos dio a todos tiempo de echar de menos a la Virgen. De echar de menos su abrazo cuando llegan las bullas y sus días de procesión. De echar de menos esa mirada que te esquiva y tú esquivas, hasta que en algún momento de las vidas se te clava en el corazón... y entonces ya es para siempre.

En tres años nos dio tiempo hasta de comprender a la gente de Almonte. A su gente. A los que por encima de todo querían verla pasear por su calles, y pasar por delante de aquellas puertas donde este domingo faltaron los alegres rostros de los que ya se fueron... quién sabe si por culpa de este bicho de diseño que un buen día inventaron quienes nunca estarán en la Aldea pasando con Ella su romería.

Tres años sin la Virgen, que se borraron de un plumazo cuando a las siete y media de la mañana se abrió la puerta de la parroquia, y ¡a la calle! Sin ruidos. Sin estridencias. Sin tonterías. La Virgen a su pueblo, y punto. No hizo falta nada más. Paso de estreno de Ramón León. ¿Alguien lo notó? Todo distinto pero todo igual, porque eso y no otra cosa es conservar las tradiciones, y en medio de todo, un poquito de orgullo patrio al contemplar los bordados del techo que ha ejecutado Fernando Calderón. Todo en su sitio y en su medida. Y todo grande y hermoso, y lleno de verdad. Porque eso es la Virgen del Rocío. ¡Verdad!

Una verdad absoluta que se agarra fuerte a las gargantas cuando los nudos aprietan. La verdad de los tiempos. La que un día se enganchó a nuestra tierra y a nuestra historia para siempre.

Podrían volcarse millones de palabras más en esta crónica, pero no hacen falta. ¡Qué van a hacer falta! Entre otras cosas, porque -asumida la torpeza- todas las crónicas caben en un solo pensamiento: el de los ojos de la Virgen cuando te mira. Y este domingo nos miró a todos. A los que estábamos, y a los que no estaban. Y en el caldero de sus ojos se difuminaron los 1006 días que llevábamos sin Ella...

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