La noche llevaba ya un buen rato haciendo turno de vela junto a la candelería de la Virgen del Desamparo, y los duendes revoloteaban cual angelitos flamencos, entre los coloraos capirotes de la cofradía del Prendimiento. De repente un ascua de luz en medio de calle Ancha nos avisó de la llegada del palio, y el resto lo puso la magia del momento.
Así, tan sencillamente...
