Ahora que ya están guardados los palcos, los pasos, las túnicas, los instrumentos y los micros... ahora que se guardan las unidades móviles y la calle se vacía... Ahora, ya no somos nadie. Del pregonero, ese hombre perseguido durante meses, ya nadie se acuerda. Los capataces que vociferaban mandando a su gente hasta el punto de ser protagonistas muy por encima de las tallas, ya viven en su anonimato anual.
En los que contamos cosas, y nos gusta que nos vean delante del paso hasta saciar nuestro impertinente ego, ya nadie se fija. Ni de los saeteros, ni de los músicos de las bandas, ni de los fotógrafos idolatrados, ni de...
De nada; ya no se acuerda nadie de nada. Simplemente, porque somo eso: absolutamente nada. Simples figurantes en un mundo donde Ellos siempre están, en sus capillas, desde hace cientos de años... porque Ellos son el Todo, de todo esto.
Pero desgraciadamente, cuando llega la 'semana del roneo', no nos damos cuenta.