Largo. Mucho. Muchísimo. Por eso los recuerdos son esa tabla a la que agarrarnos cada día. Y cuánto más felices sean, mucho mejor. Por eso el fuego abrasador que nos ha dejado sin Coto este año en el regreso, nos ha regalado sin embargo una vivencia preciosa, la de la llegada a Santo Domingo de nuestro Simpecado como no se recordaba hacía mucho tiempo.
Fue una llegada tranquila en ritmo, de casi tres horas desde el Sanatorio hasta Santo Domingo, pero absolutamente ambientada y feliz, con masiva presencia de romeros y peregrinos rodeando la carreta de plata de nuestro Simpecado, entre cantes y vivas, recordando mucho lo vivido a lo que Jerez organiza cada romería en Bellavista y Muñoz y Pavón, pero trasladado a nuestras calles La Sangre, Ancha o Porvera. Ambientazo del bueno.
De todo eso se encargaron las peñas jerezanas, que masivamente se lanzaron a la calle con vestidos y guitarras, cantes y buen rollo. Y el resultado final fue un espectáculo colorido y fantástico, alternado como es habitual con las Salves que se rezaron delante de los estandartes de Piedad, Buena Muerte, Rosario, Prendimiento, Desconsuelo, Soledad, Nazareno -especialmente emotivo- y Oración en el Huerto.
Y el cierre, como no podía ser de otra manera, fue con la Salve al Simpecado ya en el Altar Mayor del convento dominico, a cargo del coro de la hermandad, que antes nos regaló la plegaria 'Ay Mare' de Antonio Gallardo, estrenada el pasado 1 de mayo en su pregón en La Concha. Luego, los 'vivas' del hermano mayor y a empezar la cuenta atrás del próximo Rocío, que además por medio nos dejará la oportunidad de vivir el traslado de la Virgen hacia Almonte que tendrá lugar el próximo mes de agosto y que ya estamos todos deseando que llegue.
Por cierto, cabe reseñar el esfuerzo de la junta de gobierno de la corporación rociera jerezana, ya que movilizar el enorme contingente de la Hermandad del Rocío de Jerez sin posibilidad de poder regresar por el Coto, ha sido ciertamente complicado y se ha logrado con paciencia y buen hacer. Enhorabuena.
