Entre nosotros, cofrades y cofradas (término recogido por la RAE, aunque con la puntualización de “desusado”) o, al menos, conocedores de las prácticas penitenciales, parece que no haría falta justificar una breve sección sobre ese continuum que en tantos aspectos se establece entre el mundo antiguo y nuestra época. Y este es, por cierto, uno de los motivos o líneas fundamentales de un libro titulado Arqueología de la Semana Santa en cuarenta estaciones. La huella material e inmaterial de creencias, ritos, cultura y sociedad en la religiosidad andaluza (Alfar, Sevilla, 2022), firmado por los acreditadísimos Eugenio Vega y Enrique Guevara además de mi humilde persona, con las miras puestas en reconocer y valorar el legado de nuestros ancestros.
Y, por ejemplo, ¡cómo nos gusta a los mediterráneos (y vecinos) una procesión! ¡Cómo vive y rebosa la ciudad con esta primitiva manifestación religiosa que, aparte de otras consideraciones, es particularmente “urbana”! Los antropólogos e historiadores de la religión nos dan las claves para entenderla: “En las sociedades tradicionales (…) la sacralidad del espacio se gradúa (...) por el valor social que se otorga a ciertos puntos (...). Así surgen los templos como puntos en los que las fuerzas sagradas se concentran delimitando a partir de sus emplazamientos la compartimentación ritual del territorio. Las procesiones son el mecanismo ritual que se suele utilizar para delimitar, por medio de una deambulación que parte del centro religioso que es el templo, la zona protegida, en la que la vida es más fácil, puesto que se encuentra amparada por la divinidad”. Son las siempre atinadas palabras del profesor Francisco Díez de Velasco, que nos ayudan a comprender el origen de lo que hoy casi cotidianamente vemos sin caer en la cuenta de su solemne antigüedad.
Pues a diversas ceremonias procesionales, a menudo fastuosas y siempre multitudinarias, dedicaremos nuestras siguientes columnas, aprovechando aquello de Cicerón (De oratore II 36): Historia (…) vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis (“La Historia es vida de la memoria, maestra de la vida, mensajera de la antigüedad”).
Atenea, Ártemis, Isis, Cibeles, Dioniso…, procesionarán por estas líneas con sus correspondientes cortejos, con imágenes del culto, insignias y atributos simbólicos, con sacerdotes, fieles, muchedumbres, instrumentos musicales, flores, pasos y… costaleros. Y lo harán entre los rezos y las súplicas de sus devotos, ya sea por propia iniciativa o arropados en cofradías.
Reescribiendo aquí a nuestro hispanolatino Marcial, los textos clásicos “saben a hombre” y nos ofrecen las más vívidas escenas que nos ayudan a encuadrar nuestra realidad actual dentro de unos marcos clarificadores y comprensibles.
Procesión, cortejo y paso de Cibeles (Museo Histórico Municipal de Villamartín)