Frío intenso en el despertar del día, y luego sol agradable de enero para acompañar lo que iba sucediendo. Así llegó el mediodía del pasado sábado a la collación del Carmen, y así fue como se hizo a la calle tras muchos años sin hacerlo, la procesión que antiguamente abría la octava de los Reyes Magos por la basílica de la Reina del Carmelo.
Travieso y con cara de pillo, y sentado en trono real acorde a su edad y estatura, el Niño Jesús de la Virgen del Carmen se fue de paseo con los niños que no quisieron faltar a esta entrañable cita, que tiene visos de perpetuarse en el tiempo, si nos atenemos a lo vivido en esta salida procesional.
Carpintería Baja, Plaza Peones, y Luis de Ysasi, fueron preludio alegre del encuentro de miradas que poco después se vivió en la puerta del convento de Santa Ángela de la Cruz, y luego para casa por Juana de Dios Lacoste, y Plaza del Carmen, que ya tocaba hora de almuerzo y no era plan de llegar tarde al templo.
Una procesión en la que la música llegó de la mano de la Agrupación 'La Clemencia', que está absolutamente para todo, y bien que es de agradecer, y en la que todos los elementos se conjugaron para pública veneración del Rey de Reyes, ese que por el Carmen tiene cara de Niño... ¡y qué Niño!
